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EDITORIAL
11-M:
Muerte y Vida, Dolor y Solidaridad
El día 11 de Marzo de 2004 pasará a la historia por un acontecimiento
en el que se encontraron la muerte y la vida.
La MUERTE brutal de 191 personas que se dirigían, como todos los
días, a sus lugares de trabajo y estudio.
La masacre terminó con la vida de españoles, colombianos,
guineanos, marroquíes, polacos, peruanos, cubanos, chilenos, ecuatorianos,
franceses,...
Un crimen contra la Humanidad.
Al escuchar las primeras noticias que nos llegaban por los distintos medios
de comunicación, todos nos dijimos: «es que yo podía
haber ido en ese tren..», y los sentimientos de desolación,
rabia, consternación, indignación, impotencia, angustia
y tristeza afloraron desde lo más hondo de nuestro ser.
Es escalofriante pensar que esos «cobardes» tuvieron que mirar,
ver,... a sus víctimas, a esas personas inocentes que momentos
después iban a morir, cuando subieron a los trenes para dejar a
su lado la carga mortal.
Queremos hacernos eco de la Conferencia Episcopal que en su mensaje de
«Esperanza frente al terrorismo» dice que el terrorismo «pretende,
como siempre, extender el miedo y el odio entre todos para doblegar las
voluntades y someter a la sociedad y al Estado a sus propios fines. No
lo conseguirá si no cedemos a su chantaje...» y que «no
se puede negociar con el terrorismo, de modo que sus acciones criminales
obtengan rendimientos sociales o políticos».
El que digamos «ha sido por esto o por lo otro» no nos conduce
a nada. Un acto terrorista no puede ser justificado «por nada»
ni «por nadie»; caeríamos en el juego macabro de los
terroristas que quieren que veamos una razón a sus abominables
barbaries. Ni la religión, la raza, la venganza, el odio,...en
fín, ni nada, absolutamente nada puede ser justificación
o razón para atentar contra lo más preciado del ser humano:
el Derecho a la Vida.
Lo que tampoco podemos consentir es que esta banda de criminales siembre
el odio y rompa la convivencia entre la gente de diferente civilización
y diferente religión que actualmente conviven y se respetan en
nuestro país. Sería otra forma de apoyarles en sus macabros
objetivos.
Pero también, ese mismo día, hubo personas que dieron testimonio
de VIDA, de esperanza, lucharon por ese derecho, por la vida, dando su
vida para salvar la vida de los heridos y aliviar el dolor de los familiares:
bomberos, donantes de sangre, fuerzas de seguridad, personal sanitario,
empleados municipales, personas anónimas, psicólogos,...
y tantos y tantos otros que dieron lo mejor de sí mismos: su cariño,
compañía, ayuda desinteresada, solidaridad,...
Por eso, desde este periódico hoy lanzamos nuestros gritos más
sinceros:
- un grito de condena del brutal atentado del 11-M y de cualquier otro
acto terrorista
- un grito de ánimo y solidaridad con las víctimas, desde
la serenidad y desde la justicia
- un grito de respeto hacia la población islamita que vive en nuestro
país y también ha manifestado su dolor
- un grito de esperanza por la vida, por las personas de buena voluntad
(sean del país que sean, del color que sean y de la religión
que sean), pues afortunadamente «SOMOS MAS» los que luchamos
por la vida que los que atentan contra ella.
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