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PERIÓDICO LOCAL DE YESTE - "GRITOS DE LA SIERRA"            AÑO XVI   ::     PUBLICACIÓN BIMENSUAL               Nº 130 ::  Marzo / Abril - 2004         ::    www.gritossierra.es.vg    ::    www.gritossierra.es.mn   ::    Telf. 967 43 14 40   ::


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 



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Un Acto de Valentía



El hecho de la vida, en la naturaleza, es siempre un pequeño milagro aunque podamos explicarlo científicamente por la unión de las células reproductoras.


El nacimiento del musgo, de una flor, el germinar de una semilla en el huerto, la ruptura de un huevo en el nido, el nacimiento de un choto o de una cabritilla... no deja de sorprendernos y de gratificarnos cada día que sucede y somos testigos.


En el caso de los seres humanos, con mayor motivo. El nacimiento de un niño puede llenar de alegría todo su alrededor. Sin embargo, no siempre es así. Y no lo es porque hemos “conseguido” que en este mundo en que vivimos, donde los recursos naturales son más que suficientes para toda la humanidad, las posibilidades de vivir una vida digna han quedado relegadas a sólo una parte de ella. Este mundo, tan injustamente repartido, hace que no todas las familias puedan recibir a un hijo con la misma alegría. Por eso, hay quienes se ven obligados a renunciar a éllos.


Recientemente, hemos sido testigos, por la difusión de los medios de comunicación, del abandono de dos bebés en condiciones infrahumanas. Uno de ellos, murió después de ser recogido. A todos nos sobrecoge que una madre o un padre pueda llegar a “desprenderse” de un hijo de esa manera.

Sin embargo, al mismo tiempo, también somos testigos de que hoy en día, y dadas estas circunstancias de injusticia y desigualdad, cada vez hay más familias que adoptan a sus hijos, sin importarles que éstos no tengan su herencia genética.

De todo ello podemos extraer varias conclusiones. Una de ellas es obvia : la sociedad que estamos construyendo es cada vez más injusta y provoca situaciones injustas que llevan a la organización de guerras , al asesinato de seres con los que uno convive, al aumento de la mendicidad, a la exclusión de los diferentes – emigrantes, minusválidos, enfermos, ...- al suicidio,... e, incluso, al abandono de los hijos (el más alarmante de los cuales sería tirarlos en la calle, pero no olvidemos que existen muchos otros abandonos...). La otra es menos obvia pero no hay que olvidarla : tener un hijo, en los tiempos que vivimos, y darlo en adopción, es un acto de dolor, de generosidad, ... y en definitiva, de valentía.

Porque significa renunciar a él o ella ( sin ocultar la propia identidad ) para darle una familia donde pueda desarrollarse y vivir dignamente. Por eso, no juzguemos tan a la ligera a las personas, seamos más cuidadosos, y tratemos de ponernos en las circunstancias y en la piel de cada persona, en cualquier lugar del mundo.



I.M.